Ante la agresión, más Revolución.

Por : Henrik Hernandez, 10 Octubre 2017        Tomado de: guardianyungido.jimdo.com

 

Desde 1959 hasta 1968 Cuba vivió una agresión directa y una guerra armada. En esas condiciones se gobernó por decreto. Esa política fue acertada. Esa etapa es conocida como “Democracia del Pueblo Armado” pues la decisiones se apoyaban directamente en la Plaza de la Revolución. Tan pronto ese peligro inminente desapareció, se trabajó en la institucionalización del país que concluyó con una nueva división político administrativa del país, la Constitución de 1976 y la proclamación de la República Parlamentaria y un sistema electoral con base territorial, dejando a un lado la figura jurídica de presidente. De nuevo otra política acertada en el marco del contexto histórico.

Desde entonces Cuba se encuentra de facto en estado de guerra debido a la política ilegal y unilateral de bloqueo del imperialismo yanqui, con el objetivo de someter al pueblo cubano, sumando a lo primero, los llamados “opositores”, que reciben dinero de los servicios de inteligencia de EE.UU. y de países occidentales a través de supuestas organizaciones no gubernamentales y premios de cuanta cosa se les ocurre.

Estos “opositores” hacen llamado a que Cuba sea agredida militarmente, organizan provocaciones, salen y entran del país con toda libertad y no le pasa nada. La población cubana no los déja lograr una movilización callejera basada en el descontento material. La realidad es que el pueblo les manifiesta su repudio popular, pero no existe represión gubernamental, ni estatal.

En el contexto histórico cubano, podemos decir que es un daño menor en comparación, con las consecuencias que se pueden derivar de los actos de esa oposición.

Por ello, se justifica históricamente las acciones de repudio, a pesar del daño y sufrimiento humano a nivel personal individualizado, que estas puedan ocasionar, pues si la contra y la antirrevolución lograran derrotar el proceso cubano el precio en sangre, material, etc, sería tan grande que Cuba dejaría de ser una nación independiente y soberana, amen de que los pueblos del resto de América Latina, perderían el faro que mantiene sus rumbos en la oscuridad capitalista.

En Cuba ni se tortura ni se asesina. Mientras que el “exilio” pretende realizar un genocidio como venganza. Cuba vive una situación económica muy difícil, pero la causa fundamental es el bloqueo. Esa situación económica provoca descontento, pero es provocada por el efecto del bloqueo y no por la ineficiencia del estado cubano.

Al contrario el estado cubano ha demostrado una gran eficiencia, cuando ha podido mantener los servicios de forma gratuita de educación, atención médica y los servicios de la defensa del país. En una lucha revolucionaria, siempre hay víctimas fatales de ambas partes contendientes.

El “exilio” cubano siempre mantiene una fuerte campaña propagandística dirijida a socavar la moral del pueblo de Cuba, tratando de utilizar las necesidades económicas que el bloqueo que ellos promueven, ocasiona.

Yo les digo, el pueblo cubano es y será martiano, guevariano y fidelista. Cuba es un estado de derecho y garantiza los mismo mejor que muchos otros. Cuba es una democracia, del pueblo, no de los capitalistas, con un modelo más popular con representatividad territorial, lo cual la situa por encima de la democracia atomatizadora del llamado pluripartidismo, pues el PCC no es ni objeto ni sujeto electoral.

Dentro de las campañas se hace énfasis en los supuestos errores y casi nos quieren obligar en Facebook que reconozcamos esos errores de cualquier manera. Considero que al igual que EE.UU y otros países capitalistas esconden sus “errores” con leyes que prohiben publicar los casos y proclamándolos como secretos durante una x cantidad de años, los revolucionarios cubanos, deben reconocer para sí los posibles errores que se hayan cometido con el objetivo de enmendarlos, pero no hacer reconocimiento ante el enemigo.

La URSS, el campo socialista europeo y el movimiento obrero internacional sufrieron una gran derrota, no tanto por los propios errores, sino por al fuerza de la propaganda enemiga, que supo utilizar la política de Jruchov, que puso en tela de juicio al socialismo.

El socialismo no fracasa por la política de perestroika, sino que ésta fue resultado de la doctrina Jruchov de hacer públicos errores y encima de ellos en grado superlativo y exagerado en contradicción con los propios hechos reales y de forma innecesaria. Ese error no lo pueden cometer los revolucionarios cubanos.

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