“Hay que creer en Cuba”

leal 2 (Custom)Entrevista con Eusebio Leal (II Parte)

Por: Magda Resik Aguirre
 Fotos: Alexis Rodríguez

Cuando en su tiempo habla de Maceo como el paradigma de la acción, Martí señala la equivalencia entre el pensamiento y la mano. No es posible diferenciar eso, ¡no es posible!Dulce María Loynaz me decía que mientras más conocía la historia de Cuba más amaba a Maceo. Maceo es un símbolo muy importante para la juventud cubana, porque era un ser humano, como Céspedes, como Agramonte… un ser falible, pero al mismo tiempo, un hombre que alcanzó un grado de refinamiento, que es importantísimo. La vulgaridad no puede considerarse un atributo del pueblo, más bien es su degeneración. No fumaba, no bebía, hablaba en voz baja, se vestía con pulcritud. A alguien le escribe que, con una confianza plena en el destino de Cuba y en la lucha armada, no olvidase nunca traerle agua de colonia y pañuelos blancos.
A mí siempre me llamó la atención esto, y me dije: “No es compatible la revolución con la chabacanería, con la cultura marginal. Todo eso hay que superarlo.”
Alfredo Guevara, que fue maestro de generaciones, solía afirmar siempre que no le gustaban las élites, pero sí defendía a capa y espada las vanguardias. Y las revoluciones –afirmó otro gran revolucionario— las hacen las vanguardias selectas y aguerridas, y detrás entra el pueblo.

Leal, habitualmente se suele asociar el entretenimiento con lo ligero -y ya que usted estaba hablando de banalidad-, con lo banal. ¿Qué contrapropuesta podríamos desplegar, ante esa reducción del momento de ocio, de entretenimiento de un ser humano ajeno a los valores culturales verdaderos, a un proceso más creativo y más de fomento del conocimiento?
Bueno, Magda, no te voy a engañar, no te puedo engañar. No vivo perennemente en trágicas lecturas.
A Dulce María -y la cito siempre porque vivimos al lado, y tuvimos una proximidad que duró mucho tiempo- se le atribuyen estas palabras: “Qué horror, me estoy muriendo y sigo pensando.” Es decir, yo pienso siempre; pero cuando trato de desconectar de las álgidas jornadas cotidianas de pensar y hacer, eso que llamamos banalidad puede complacerme; es decir, hay un momento en que trato de ver cosas que siempre tienen un contenido, pero que no son tan fuertes, no sea que nos hagamos tan refinados y vanguardistas, que nadie entienda nada, ni siquiera en nuestra casa. Entonces, no tengo temores en ese aspecto.
Me parece que hay que tener una formación sólida, que la cabra siempre tira al monte; que en la profesión, cualquiera que esta sea, mientras más integral y humanista seas, mejor. Es decir, tú eres periodista, pero eres una mujer de la cultura, y eres una persona que tienes el universo más amplio y más contemporáneo de los medios, y te relacionas en la UNEAC con la intelectualidad; y en la calle, con todo el mundo; en tu casa, con tu familia, tu padre es médico; quiere decir, escuchas múltiples lenguajes, y de esos múltiples lenguajes sacas el tuyo propio. La sociedad sería muy aburrida si todos fuéramos como tal. Pienso que la sociedad tiene que ser muy amplia, y que si hemos luchado tanto por la libertad, tenemos que luchar por la singularidad y por la pluralidad.

Continuará…..

Categorías: Cultura, educacion, Historia, Religión, Revolución, Sociedad | Etiquetas: | Deja un comentario

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